¿Cómo comenzar?

Uno no tiene que ser sabio para reconocer que la única manera que un hombre puede tener relaciones sexuales con una mujer es cuando se casa con esa mujer, y no antes, aunque se amen, aunque estén seguros de que van a casarse. La Biblia nos enseña que el matrimonio es el único marco legítimo para que un hombre y una mujer puedan disfrutar de las relaciones sexuales.

Es erróneo pensar que, si los novios están seguros de que van a casarse, entonces no hay problema con tener relaciones sexuales pre-matrimoniales.

¿Cómo sabe que usted va a estar vivo hasta el momento de la boda? ¿Cómo sabe que su novia va a estar viva hasta el momento de la boda? ¿Y si uno de los dos muere antes de la boda? El que quede vivo o viva tendrá que vivir el resto de sus días con la conciencia sucia de haber tomado un cuerpo que no llegó a ser suyo, porque jamás hubo matrimonio. Algunos piensan que con tal de amarse, es suficiente razón para tener relaciones sexuales pre-matrimoniales, pero no es así. El amor es necesario, pero no es todo lo que se necesita. Además de amor se necesita compromiso. El compromiso se realiza cuando los dos hacen lo que deben hacer para casarse. Es la manera de decir: Yo me comprometo ante Dios y ante los testigos a amarte, cuidarte, proveerte, serte fiel y todo lo demás, hasta que la muerte me separe.

Si no hay este compromiso, cualquiera de los dos puede dar por terminada la relación y simplemente desaparecer del escenario, defraudando a la otra parte. De modo que no es cuestión de que yo te amo, tú me amas y nos vamos a la cama. El amor va de la mano con el compromiso. Solo así se puede disfrutar de las delicias del sexo, porque el sexo no ha sido dado al ser humano con la única finalidad de procreación, sino también con la finalidad de comunión y placer.

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